La mujer sin patria, pero de bandera

Perturbas todo campo gravitacional con tus pasos. Y floto. Hasta las nubes, las estrellas y más. Guíame por el sendero de tus piernas, deja que la noche te haga suya y marca mi espalda con tus uñas de gata: que me arañes hasta el alma. Maldita. La hora en que te eché el ojo, la primera sonrisa que me clavaste y el beso que, aquella noche, me vi obligado a robarte. Te has quedado en mí, grabada en la tinta con la que pintabas aquel cuadro en el jardín. Artista. Cazando corazones malheridos, sanando penas, bailando bajo la luz tenue de las velas. Y te desvaneces entre tus gracias, aparentando un corazón de hierro incandescente cada vez que dejas el cigarro en el cenicero. No te vas, pero tampoco te quedas. La mujer sin patria pero de bandera, no falta camino cuando sus curvas se contonean. Ambiciosa. Adicta al juego de la conquista, porque le gusta, porque se siente viva. Ansía desesperadamente el amor que no ha encontrado, romántica empedernida, quiere destrozarlo. Atento, se avecina ruina.