Dejarse llevar, suena demasiado bien
O no. Puede que se avecine desastre. Es posible que me apuñales el corazón y lo conviertas en miles de confetis que más tarde caerán sobre mis tacones de fiesta. Pero siempre me gustaron los riesgos, la adrenalina del qué pasará. Así que te voy a dejar entrar en cada una de las partes de mi cuerpo. A tu antojo, con total libertad. Eres amo y señor de mi todo, de mi ser. Soy tan tuya que a ratos creo perder mi identidad. No te voy a exigir nada, ni ahora ni nunca, pues me he cedido con total voluntad al destino y me ha dicho que tu eres ahora mi camino.
Créeme cuando te digo que la felicidad existe. En tus pecas, tus caricias y tu risa. En tus buenos días y nuestra mejor noche. En tu forma de arreglar mis desastres, que son todo lo que soy. En ese romanticismo fugaz cada vez que las luces caen. En cada hora a tu lado. En todos nuestros planes de hacer no hacer nada. En la canción que sonaba nuestra primera Noche Vieja. En esa viejoven manera de vivir la vida. En tu manera de querer explicar lo inexplicable; nosotros. En ti, sin más, y en esas palabras que ninguno de los dos queríamos pronunciar: "te odio". Te odio muchísimo.
01/01/2017