ALWAYS

Un domingo más que te vas a casa, otra semana que se me parte el alma. Tres días no son suficientes. Me das el beso de despedida y por dentro quiebro. Desde aquel 17 soy cristal, frágil y transparente. Mil pedazos que reconstruir cinco días a la semana. Debo confesarte que ya no me gusta nada este juego. Lo de no poder dormir sin ti ya es un hábito, rutina, un diario sobre el desconsuelo.


Han pasado trescientos sesenta y cinco días desde que me corriste el carmín por primera vez. Y a día de hoy sigues manteniendo esa puta costumbre. Maldito bocazas. Me comiste la oreja a base de verdades como puños, no dejaste cara oculta de ninguna de tus lunas. Maldita tu inesperada dulzura.  Cayó mi escudo de amazona y desnuda ante lo desconocido dejé que me hiciera suya. 


Es curioso,  has dejado al descubierto lo más vulnerable que hay en mi haciéndome sentir más fuerte que nunca. Y no te voy a endulzar la verdad: fue difícil confiar. Enloquecí, por ti, y créeme que cometería esa locura en todas y cada una de mis vidas. Me preguntas por qué pero, cariño, y yo qué coño voy a saber. Cada vez lo tengo más claro, no es puro si es cuerdo. Qué es el amor sino locura, pasión y desenfreno.

Mariposas, las de mi estómago, que ahora fluyen por todo mi cuerpo como un virus. Eres metástasis. Me abrazas, me reinicias. Configuras todo mi sistema operativo y pones en orden sentimientos y sentido. Por primera vez entiendo eso de que se te claven en la piel como la tinta de un tatuaje, ahora sé por quien aniquilaría a todos esos monstruos que subyacen bajo la cama y creo firmemente que mi corazón y hogar ya no tienen ubicación ni código postal. 

Ha pasado un año, amor mío, y sigo siendo la reina de los tópicos: la piel como alambre con solo rozarme, la mente borrosa después de cada beso, folla(ma)rnos hasta que la piel se funda y que solo exista un tipo de abrazo: el que te corta la respiración, el que te cruje los huesos.

Cada vez que estas cerca el tiempo, al compás de mi pulso, se acelera, y sólo quedamos nosotros dos, bailando a ritmo desenfrenado en el salón. Suena música de fondo. Cambiamos de bobina y sigue la proyección. Prepárate, comienza la segunda parte de la película de nuestra vida, amor.