Cada viernes la misma historia. Maquillaje, porque estamos en guerra: tu impaciencia y mis ganas.
Y llega la artillería pesada, esas putas mariposas que eclosionan cuando exhalas en mi nuca. Me arrasan las entrañas al recorrer cuerpo y alma mientras me consumes. Con tu risa y con tus gracias. Que se dilaten, tus pupilas y mis capilares. Que me hagas más tuya que mía, pero siempre nuestra. Cada sábado una raya con tu perfume, ebria de orgasmos. Hubo quien me habló de drogas sin haber estado en tus brazos. Nadie me obliga, yo sola me condeno cada domingo después del desenfreno. Y qué risa, las pastillas de la vida. Que puta risa cuando me di cuenta de que le quería. Que lo sientes tan, tan jodidamente dentro, que al expresarlo es más suspiro que verso. Cada lunes suplico una tregua, demasiada adrenalina recorriendo mis venas.
