Vestía seriedad y calzaba timidez. Qué putada que la condición humana no deje ver lo que se esconde bajo la piel. Pero un día, un día llega alguien que lo torna todo del revés. Y ya no hay hueso y carne suficientes para esconder lo que siente. El que ama de verdad resplandece, como su rojo cabello cuando el sol lo alcanza al atardecer. Complicidad. Porque ya no hay materia física que los pueda separar. Y le da la risa, cuando la mira. Y le da la risa, cuando le ve reir. Juntos, les da la risa porque sí.
