Bienvenido al infierno

Habría dado cualquier cosa por volver allí, al lugar donde solíamos reír. Por precipitarme caí en un abismo del que ya no sé salir. Ansiedad. Miedo. Soledad. Ludovico Eunaudi suena en mi cabeza y calma las penas, se disuelven en este líquido transparente todos los problemas. Nos enseñan a volar, sí, pero no que primero hay que saber apreciar la paz que hay en el subsuelo, que tenemos que nadar.

Como un avión mal tripulado, nos estrellamos. Perdemos la batalla cuando vemos nuestros errores como un reflejo. Al percatarme de que había llegado tan lejos quise gritar, pero ya nadie escuchaba. Así que floto sobre el agua, y miro desde mi agujero como el azúcar se convierte en algodón en el sosegado cielo. Aquí os espero, tarde o temprano todos pasamos por el infierno.