El cuento de cada jueves

Con un armario repleto de galas sale a buscar nuevos trapos que la puedan decorar. Nunca hay suficiente para cubrir un alma inerte. Desnuda es como mejor se siente. Se envuelve en ellas para convertirse en la princesa que ella quiere. Cada jueves un cuento diferente. No bastan, no puede enmascarar lo de dentro, no puede ornamentar el sufrimiento. Quiere llorar. No recuerda como se hace así que bebe. Canjea copas por lágrimas derramadas. Pretende que sus capilares se dilaten. No funciona. No lo entiende. Llena con alcohol el vacío de un corazón que ya no late. Hasta que el hígado estalle. Dan las doce y aparece la calabaza. En lugar de perder su zapatito de cristal ella pisa fuerte en la pista del local. Sobria de cordura baila al ritmo de su canción. Suena C. Tangana y se desata. Embellece la opresión de su pecho con un baile suculento. Se estremece entre los brazos del amor que no la ama mientras la tentación se deleita desde el fondo de la barra. Así termina esta historia. Sexo, éxtasis, melancolía. Sucumbe a la lujuria en una noche de luna llena. No hay beso de amor verdadero ni final feliz. No hay carroza ni perdiz. Solo quedan restos de carmín esparcidos por el cuello de las bestias que se dejaron seducir.